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Centro
de Estudios y Formación para la Mujer,
“Rosa
Berre”
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Crónica sobre la
vejez en Cuba
Lic. Adela Soto Álvarez
"Noticuba Internacional"
Vie, 16 de Feb, 2007 4:24 pm
".. Mujer, siempre al frente, sin tesoros ni glorias en una
sociedad que la olvida...
Además de los niños los ancianos son el otro grupo poblacional cubano que
ha sufrido con mayor severidad la miseria en que el régimen ha sumido al
país.
Si una década atrás los viejitos parecían atendidos, hoy muchos
hurgan en los tanques de basura y tratan de vender los más disímiles
artículos o sencillamente deambulan en busca de que les caiga algo en
las manos.
Justo cuando realmente deberían estar gozando apaciblemente de su
jubilación, rodeados de afectos y atenciones, muchas personas de la
tercera edad se encuentran sumidas en la lucha. Un eufemismo que
significa cualquier actividad ilícita, porque casi todo está prohibido
para resolver algo que los ayude a la sobrevivencia.
Entre estos ancianos esta María Catalina Ponte, una de las tanta
vendedoras de cigarros que diariamente transita las calles de La
Habana Vieja, precisamente el Parque de la Fraternidad, en busca de
un buen día para poder enfrentar su endeble economía.
Esta mujer nacida dos siglos atrás, dulce y tierna como una amapola,
y quien amo desesperadamente la libertad, participando en cuanto
proyecto creyó humanitario en la isla. Incluyéndole la entrega de su
vivienda herencia de sus antepasados, para que en el lugar se
edificara uno de los tantos hogares para niños desamparados, es hoy
una de las vendedoras ambulantes que huye de la policía en las
esquinas de la urbe capitalina.
María Catalina estudió magisterio en las antiguas escuelas para
normalistas. Impartió clases a niños y mayores, incluso alfabetizó en
el año 61 a más de una centena de residentes en las montañas del Pan
de Guajaibón.
En cada movilización gubernamental se veía con su sonrisa abierta y
siempre al frente del grupo de jornaleros de la escogida de tabaco
donde laboró por más de cuarenta años. Fue miliciana, militante,
trabajador ejemplar, vanguardia nacional, y obrero destacado en cada
análisis sindical. También fue miembro efectivo del Sindicato de
Trabajadores, del Consejo de Trabajo, y del Núcleo del Partido, de
donde le dieron baja natural por haber arribado a la tercera edad.
Muchas personas que la conocen se le acercan indagando el por qué
nunca la jubilaron, ella triste pero elocuente relata que al llegar a
la edad ya no estaba trabajando pues había cese laboral en la
escogida y nadie se ocupo de ese asunto, y ella desconocía los pasos
a seguir, solamente supo que su expediente lo habían enviado al
Órgano del Trabajo, pero por mucho que indagó, nadie supo darle
razones del mismo.
Ahora sobrevive vendiendo el azúcar de la cuota normada, y los
cigarros, los tabacos y muchas veces el arroz, que de cinco libras
que le venden ella vende tres.
-¿Y qué come?- le preguntan- Ella responde sin prisa que las sobras
que recoge muchas veces en las cafeterías y restaurantes de la
divisa. A veces hurga en los basureros, porque siempre alguien vota
lo que le sobra, y otros recogen lo que les falta.
Todo esto le ha provocado una anemia espantosa, pero ella se piensa
un yunque y sigue pregonando sus productos hasta que la muerte venga
a hacerse cargo de ella.
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